Para muchos viajeros, Las Vegas tiene algo de hipnótico: las multitudes ruidosas de la Strip, los carteles colosales de neón, los artistas callejeros que hacen malabarismos con cuchillos o escupen fuego, y los casinos, la cacofonía de mil apostadores en miles de tragamonedas, metiendo monedas y tirando de las palancas. Para algunos también, Vegas es una excusa para sobrepasarse: perder una fortuna en la ruleta o despertarse medio atontado en una habitación de hotel desconocida.