Moscú, como muchas otras capitales, no retrata el país al completo, pero sólo como dato se debe reseñar que se la conoce como "Todas las Rusias".

En el ojo del ciclón económico, la ciudad no hace sino crecer: las construcciones proliferan, los atascos de tráfico nunca se acaban, y los "nuevos rusos" son los ciudadanos con mayor poder adquisitivo del planeta. Los centros comerciales, los comercios de lujo y los restaurantes más chic, aparecen y se multiplican.

EFE reportajes

Vista general de la Plaza Roja desde la Catedral de San Basilio. Efe/Alberto Martin/jb

Moscú se ha convertido en poco tiempo en la ciudad más cara del mundo, voraz de modernidad, su apetito por instalarse en la cima de la vanguardia es insaciable, aunque conserva ese toque de excéntrica opulencia y un aire de nostálgica decadencia. Un caos que encandilará a exquisitos y cosmopolitas.

Los moscovitas tienen el dinero y las ganas de invertir, de tener los clubs más espectaculares del mundo, los restaurantes más sibaritas y los hoteles más acogedores, además adoran hablar inglés, por lo que iniciar la comunicación no resulta tan difícil como cabría esperar.

DELICATESSEN DE ALLÍ Y ACÁ.

La ciudad más importante de Rusia, junto con San Petersburgo, es hoy una de las capitales indiscutibles del lujo, el derroche y la ostentación. Las cadenas hoteleras más exquisitas se pelean por hacerse con los edificios señoriales de la época imperial donde derrochar en excesos. Los centros comerciales recuerdan a palacios versallescos, y restaurantes de todas las nacionalidades tientan a los oligarcas con exquisiteces de todos los rincones.