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Los Cárpatos, algo más que Drácula
Por Julia R. Arévalo / EFE-REPORTAJESAunque sea el nombre de Drácula el que ha hecho mundialmente conocido un lugar como Transilvania, una visita a los Cárpatos permite descubrir mucho más: un entorno de extraordinaria belleza que puede acoger tanto al amante del deporte de montaña como al viajero en busca de lugares con Historia y tradiciones.

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Para una escapada de unos pocos días, un buen destino es Rumanía: no gaste mucho tiempo en Bucarest y parta hacia el norte en dirección a Brasov, capital del condado del mismo nombre en la región de Transilvania. Primera parada: Sinaia.
SINAIA, PLACER DE REYES.
A 125 kilómetros de Bucarest, bien comunicada por tren como toda la ruta hasta Brasov, Sinaia es una pequeña ciudad de gran belleza ubicada a 1.400 metros de altura, en las montañas Bucegi, de la cordillera carpática.
Fue un rey quien descubrió la hermosura del entorno y decidió construir allí su residencia de verano, el Castillo Peles, considerada el monumento histórico más importante de Rumanía, hoy un museo.
Para su construcción, que comenzó en 1873, Carol I hizo llegar a cientos de trabajadores y artesanos de toda Europa. Su esposa, la reina Isabel, relataba en uno de sus escritos cómo italianos y rumanos trabajaban codo con codo en los terraplenes, mientras albaneses y griegos lo hacían en las canteras, turcos y gitanos eran los obreros y albañiles, alemanes y húngaros los carpinteros, polacos los capataces, checos los escultores, franceses los pintores.... había “cientos de trajes nacionales y hablaban 14 lenguas”.
Los orígenes germanos del rey Carol, su carácter sobrio y su buen gusto se dejan notar en toda la construcción, de estilo neorrenacentista alemán, salvo algunas de sus salas interiores.
La primera visión del castillo que maravilla al visitante, a quien se pide abandonar la cámara y ponerse unas pantuflas para proteger el museo, es la Sala de Protocolo, con sus paredes en madera tallada y su techo de cristal policromado, que se abre cuando hace buen tiempo. Otras joyas de su interior son la Sala de Armas, el despacho y la biblioteca, el comedor barroco, el pequeño teatro de estilo francés, el dormitorio real, el tocador rococó, o la sala de música y poesía de Isabel, reina y poetisa, conocida con el sobrenombre de Carmen Silva, que recibió en ella a artistas como Pierre Loti o Pablo Sarasate.

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Tres preciosas salas de recepción recrean otros tantos estilos; florentino, veneciano y morisco. En otra sala de evocación mora, los invitados de los reyes podían tumbarse a fumar narguillé.
Para los jardines, el rey optó por el estilo neorrenacentista francés, con sus fuentes y estatuas de mármol, por las que un agradable paseo permite disfrutar de un paisaje de lujo.
Desde el principio, los rumanos llamaron a esta residencia el Palacio Real. Carol I la prefería al palacio de Bucarest para recibir a sus huéspedes extranjeros, entre los que destacaron el emperador Francisco José y su esposa Sisí. Fue también en el Castillo Peles donde murió en 1914 el rey que se enamoró de Sinaia y la convirtió en la joya que ha sido hasta hoy.
Y es que siguiendo el ejemplo de Carol I, su sobrino y heredero, Fernando, se hizo construir otro castillo, el Pelisor, y la aristocracia rumana eligió también Sinaia para levantarse suntuosas mansiones, muchas de ellas imitando el estilo de la residencia real. La atracción del lugar llevó a la construcción de magníficos hoteles como el Palace, de 1911, que aún hoy guardan el sabor de aquellos tiempos.
