Galerías de fotos
Otros destinos
publicidad
Más artículos en Viajes
Bahía: historia, modernidad y mestizaje
Por Agencia/ Jota Freitas EFE-REPORTAJES.Puerto de llegada de los navegantes portugueses a comienzos del siglo XVI, el estado brasileño de Bahía es una tierra de marcado acento afrobrasileño, que respira mestizaje cultural en todos sus rincones y arropa al visitante con su calor, su música y sus tradiciones.

Cuando el navegante Pedro Alvares Cabral atracó en 1500 en lo que hoy se conoce como Puerto Seguro, la región estaba poblada por los indios tupiniquim, una de las tribus del grupo tupí-guaraní que ocupaba buena parte del litoral de Brasil en esa época.
Más interesados por el comercio con las Indias que en los nuevos territorios, los portugueses ignoraron Brasil durante tres décadas, en las que no cesaron las incursiones de franceses, que no reconocían el Tratado de Tordesillas y codiciaban la madera de pau-brasil.
SALVADOR, CAPITAL ADMINISTRATIVA Y RELIGIOSA.
Una orden del rey Juan III de Portugal llevó a la creación, en 1549, de Salvador como sede del gobierno general de Brasil y menos de un década después comenzaron a llegar los primeros esclavos (más del 37 por ciento de ellos entraron por Bahía).
Las batallas contra los franceses y los invasores holandeses, la esclavitud, los movimientos insurgentes e independentistas fueron dejando su huella en la ciudad, principal puerto de entrada del turismo que visita Bahía.
Situada sobre una colina que domina la Bahía de Todos los Santos, Salvador sirvió como capital administrativa y religiosa de la colonia portuguesa hasta 1763, cuando fue llevada a Río de Janeiro. Fue el centro del cultivo y el comercio de productos como el azúcar y el cacao. La abolición de la esclavitud y los problemas de la caña de azúcar, aceleraron el declive iniciado cuando perdió la capitalidad.
Es ese pasado colonial turbulento lo que hace hoy de Bahía y sus ciudades - desde Salvador, Cachoeira y Sao Felix hasta Porto Seguro, Ilheus o Lençois -, uno de los estados con mayor turismo de Brasil. Más de cinco siglos han dejado un rico legado artístico, cultural y social, no siempre cuidado con el esmero que merece, pero que ha convertido a la ciudad, la Bahía de Todos los Santos y, en general, el estado, en un atractivo para el viajero.

Salvador, una ciudad bulliciosa, de tráfico intenso y que durante décadas estuvo abandonada a su suerte, alberga tesoros insospechados, muchos deteriorados y necesitados de un donador generoso que acuda en su socorro.
Pese a la decrepitud que todavía corroe muchas de esas joyas artístico-culturales, el visitante puede rememorar el pasado en las fachadas antiguas de elegantes caserones, con sus balcones de hierro forjado, y en las empinadas calles empedradas una de las estampas más características del centro histórico, el "Pelourinho".
Considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el "Pelourinho" es donde residían los miembros del gobierno, los ricos hacendados de la caña de azúcar y los comerciantes.
Llamado así porque allí se alzaba el "pelouro", un lugar de castigo, el barrio acoge la Iglesia y Convento de San Francisco, un conjunto arquitectónico construido entre 1686 y 1708, en el que la recargada decoración en madera tallada recubierta con pan de oro de la Iglesia contrasta con la serenidad de un claustro muy castigado por el abandono.
