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Una dulce isla al sur de Brasil
Por Lucila Runnacles.adm/EFE-REPORTAJES
Si además de sombra y agua fresca lo que buscas es un poco de emoción, contacto con la naturaleza y aguas cálidas, tu destino es Ilha do Mel (Isla de la Miel) en la costa de Paraná, una de las provincias más al sur de Brasil, a 115 kilómetros de la ciudad de Curitiba. Unas playas donde solo se puede acceder en barco, allí los coches están prohibidos.
El aire es puro, las playas son limpias y el paisaje te deja sin respirar por unos momentos, como complemento el ambiente es de tranquilidad y las personas locales muy relajadas y simpáticas.
La isla es un paraíso ecológico y de bellezas naturales. El viaje para llegar hasta la playa es encantador porque no es posible ir en coche. Hay que tomar un barco en Pontal do Sul, el trayecto dura media hora, después caminar por el trapiche hasta que tus pies toquen la arena blanca del lugar.
RESERVA ECOLÓGICA Y 35 KILÓMETROS CUADRADOS.
La isla es relativamente pequeña, tiene apenas 35 kilómetros cuadrados y eso hace con que este pedazo de tierra perdido en el mar sea todavía más atractivo.
En tierra hay buena infraestructura para recibir a los viajeros: restaurantes, caminos bien señalados y hasta internet para los que no aguantan estar lejos de casa sin comunicarse.
Hospedaje es lo que no falta, son más de 65 pequeñas posadas, un albergue de la juventud, un hotel de lujo y muchos campings, para los que prefieren unos días de mayor contacto con la naturaleza.
Brasilia y Encantadas son las dos playas principales de la Isla, la primera es la preferida por los jóvenes que practican el surf y les gusta la vida nocturna.
Durante el verano brasileño, que empieza a finales de noviembre y se extiende hasta principios de marzo, los turistas se reúnen para tomar una cerveza bien helada y disfrutar de alguna fiesta en la playa hasta el amanecer en algunos de los muchos bares autóctonos.
La principal atracción de esta parte de la Isla es el Faro situado en el cerro de las Conchas. El monumento fue construido en 1872 por orden de Don Pedro II, un Emperador portugués, para orientar a los navegadores de la Bahía de Paranaguá. Actualmente el faro es alimentado por energía solar.
Para subir es necesario un poco de ejercicio pero la vista desde allá es esplendida; las playas, el verde y las rocas forman un paisaje que compensan el esfuerzo.
Después de toda la caminada lo mejor es tirarse en el mar de la playa del Faro, donde es posible encontrar caracoles vivos y peces multicolores. Pero sin olvidar que el lugar es una reserva ecológica y que su preservación depende de la actitud de todos los viajeros que entren en contacto con la fauna y flora local.
Otra atracción es la Fortaleza de Nossa Senhora dos Prazeres, construida en 1766, el fuerte es un vestigio imponente del Imperio Portugués. Preocupado con la seguridad de Paranaguá (puerto de entrada de la provincia de Paraná) contra los ataques de los barcos piratas ingleses, españoles y franceses que llenaban los mares aprisionando embarcaciones cargadas de oro y plata.
PLAYA IDEAL PARA EL BUCEO.
Aunque la Fortaleza no haya tenido actuación bélica permanente, tuvo grande importancia durante la II Guerra Mundial, cuando cumplió el papel de guardia para evitar que submarinos invadiesen las aguas de Paranaguá.
Del otro lado de la Isla en el extremo sur está Encantadas, esta playa es ideal para relajar y estar lejos del ruido. Sus aguas claras y calientes llaman a la práctica del buceo. Para los que gustan de las caminadas y el paraglide, los cerros y las paredes rocosas hacen la invitación.
Encantadas también tiene otra atracción, una gruta que lleva el mismo nombre. El lugar esta repleto de leyendas de sirenas encantadoras que atraían a los pescadores con su canto maravilloso, creando un aire de misterio en la gruta.
Para los que gustan del pescado y los frutos de mar el ambiente de la playa es ideal, ya que los productos son frescos y muy sabrosos.
Una opción económica y bien variada en Encantadas es el restaurante del Hostel Zorro, con mesas de frente al mar es posible degustar platos típicos brasileños como, camarão na moranga (langostino con queso horneado dentro de la calabaza), moqueca de peixe (cocido de pescado con leche de coco), arroz e feijão (arroz con un caldo sabrosísimo de porotos negros o marrones) y de postre muchas frutas que se encuentran con facilidad en Brasil, como la papaya y el mango.
Por hablar en comida regional no podría faltar también, la fiesta local. Para aquellos que le encanta la fiesta este lado de la isla tiene mucha marcha.
Durante las noches de verano la gente se reúne en la Plaza de Alimentación de la Praia de Fora, el ritmo es de forró - baile típico del noreste brasileño, donde las parejas bailan muy juntas y a un paso bastante acelerado – y los turistas se mezclan con la gente local, divirtiéndose hasta el amanecer.
CÓMO LLEGAR.
Desde Curitiba (la capital de la provincia de Paraná) son 115 kilómetros, para llegar a la Ilha do Mel, el camino más fácil y rápido es por Pontal do Sul. Desde allí los barcos parten a cada 20-30 minutos, el trayecto dura media hora. Antes de embarcar es necesario hacer un registro de los visitantes y pagar un pequeño importe de dos euros, que es destinado al mantenimiento y preservación de la isla. Para mantener el ecosistema del lugar la isla tiene una capacidad de cinco mil visitantes por día.
En el kit básico no pueden faltar la máquina fotográfica, zapatos o sandalias muy cómodas, repelente contra mosquitos y el espíritu de aventura. Durante los meses de verano la Isla se llena a tope, por eso para quienes busquen un poco de tranquilidad los mejores meses para visitar son de septiembre a noviembre, donde ya empieza a hacer buen clima o después de Carnaval, generalmente a finales de febrero.
Por Lucila Runnacles.
adm/EFE-REPORTAJES
